domingo, 19 de noviembre de 2017

Macbeth en San Antonio Texas

Foto: Karen Almond

Ramón Jacques

Sobresaliente fue el resultado del reto que asumió la Ópera de San Antonio al elegir escenificar Macbeth de Verdi. En apenas cuatro temporadas, la compañía ha ofrecido a su público un repertorio interesante y variado, que no se basa solo en los títulos tradicionales, y como testimonio de ello puedo señalar la memorable doble cartelera de La Voix Humaine e Il Segreto di Susanna, con la soprano italiana Anna Caterina Antonacci como protagonista, que muy pocos teatros en la actualidad se atreverían a ofrecer.  Este Macbeth gustó por la carga de teatralidad y dramatismo que aportó la protagonista absoluta de la velada que fue la soprano Nadja Michael, quien fue una convincente y seductora Lady Macbeth de arrolladora personalidad escénica, que vocalmente desplegó un canto uniforme, de amplia proyección y oscuro color con la que logró tocar puntos escalofriantes. El papel de Macbeth le fue confiado al experimentado bajo-barítono Greer Grimsley, quien actuó con desparpajo y atrevimiento, al borde de la demencia y la paranoia. Su voz se escuchó profunda, potente, y a pesar de su cuestionable dicción, su desempeño general no se vio disminuido en general. Una grata sorpresa fue escuchar al tenor Erick Berry por la calidez de su timbre, que imprimió a su aria, como Macduff.  Correcto estuvo el bajo barítono Nathan Stark, como Banquo, así como el resto de los interpretes de los papeles comprimarios. En el podio, el maestro Sebastian Lang-Lessing guío a la orquesta con buena mano y adecuada dinámica; su aproximación a la partitura tuvo una cadencia casi sinfónica, que en sincronía con las voces y el coro regaló momentos apasionantes. El marco escénico proveniente del Festival Glimerglass de Nueva York, situado en la época del fascismo, con elegantes vestuarios militares color negro y un enorme muro circular en el centro del escenario, que mostraba el interior y el exterior de un fastuoso palacio, además de un reluciente contraste de luces y sombras, fue una fortaleza adicional a la función. La dirección escénica de Crystal Manich, fue detallada y precisa en los movimientos en la que los artistas adquirieron un carácter humano cercano y comprensible para el espectador, sin abandonar la idea de la falta de ética en la política.


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